Copenhague bajo la mirada de Paul Fischer.

Parece que Dinamarca tampoco se libra de este invierno inusualmente frío que estamos viviendo en la vieja Europa. La nieve intermitente se está convirtiendo en un elemento rutinario más en la vida de los daneses, y parece que la estampa de ver todo cubierto de blanco va a durar lo que resta de febrero. Por suerte, con este clima, uno puede aprovechar para perderse -sin salir de casa- en los grandes artistas daneses que supieron captar la esencia del clima invernal en Copenhague. Y hay uno que, sin duda, puede considerarse el mejor a la hora de retratar la bella capital danesa. Se trata de Paul Fischer (1860-1934), un artista que, infelizmente, nunca consiguió un gran reconocimiento en los círculos artísticos del país – incluso hoy, sus pinturas rara vez se exhiben -pero que cuenta con un lugar especial en el corazón de los habitantes de Copenhague, debido a su manera nostálgica y romántica de representar los lugares y la gente de la ciudad.

El Teatro Real de Copenhague por Paul Fischer, colección privada

A principios del siglo pasado, Paul Fisher se hizo conocido por sus pinturas de mujeres elegantes, orgullosas pescadoras, hombres de la burguesía y otros personajes que vagaban por las calles y callejones de la ciudad. Él supo retratar mejor que nadie el espíritu de “La Belle Époque” danesa, plasmando en sus lienzos a damas con hermosos vestidos, elegantes sombreros y sonrisas coquetas. Además, fue en este momento cuando Copenhague pasó de estar cercada y rodeada de murallas a abrirse y expandirse hacia todos los lados, incluyendo en el paisaje urbano modernidades de aquel entonces como el alumbrado eléctrico y el tranvía. Este nuevo tiempo, fue lo que sedujo a Fischer para retratar las plazas, los puentes y las calles del nuevo y viejo Copenhague con una precisión fotográfica. Y es que fue uno de los primeros artistas daneses en tomar fotografías y utilizarlas en su arte.  A su muerte en 1934, Fischer había tomado más de 5.000 fotografías que utilizaba para la elaboración de sus bocetos y posteriores cuadros.

Bredgade por Paul Fischer
Vendedor de frutas en el puente de la Reina Louise, aprox. 1890-1910. Pintura y fotografía por Paul Fischer, Museo de Copenhague

Fischer fue un enamorado de París, pasando allí largas estadías e incluso llegó a cambiar su nombre – pasando de Poul a Paul- dándole un toque afrancesado. Se inspiró en artistas franceses como Gustave Caillebotte y Toulouse-Lautrec – quien innovó en el arte del cartel- para el diseño de carteles publicitarios para distribuidores de bicicletas con una alta calidad artística. No podemos olvidar que Copenhague es una de las capitales mundiales en lo que al uso de la bicicleta se refiere desde finales del siglo XIX.

Cartel publicitario, Paul Fischer, 1900

Un artista que realizó una auténtica declaración de amor por su ciudad, Copenhague, y que supo plasmar la esencia de un tiempo cambiante con una delicada sensibilidad y buen gusto.

Imagen superior: Día de invierno en Nytorv, Paul Fischer 1090.

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