Los pendientes que costaron un ojo de la cara.

Dinamarca. Principios del siglo XVII. En el poder se encuentra el rey Christian IV – seguramente el monarca más recordado por las espléndidas construcciones que se llevaron a cabo durante sus 60 años de gobierno, y que pueden considerarse las primeras atracciones turísticas de Copenhague. Me refiero al Palacio de Rosenborg, el observatorio astronómico de la Torre Redonda o el edificio de la Bolsa, con su peculiar torre compuesta por unos simpáticos dragones bien orejones, entre otros.

Además, como todo rey que merezca la pena ser recordado, Christian IV era un auténtico vividor. Le encantaban las fiestas, los banquetes copiosos, la caza y, sobre todo, las mujeres. Pasó por el altar en dos ocasiones,  oficialmente tuvo 3 amantes y un total de 24 hijos reconocidos. Y fue a la última de sus amantes, Viveke Kruse, a la que regaló estos pendientes tan especiales –que hoy se exhiben en el Palacio de Rosenborg- y que le costaron –literalmente- un ojo de la cara.

Así va la historia. 1 de julio de 1644, estamos en medio de la batalla naval de Colberger Heide, en el norte de lo que hoy es Alemania. El ejército danés se enfrenta por enésima vez a las tropas suecas. Christian IV está a bordo de su buque insignia “Trinidad” cuando súbitamente es alcanzado por el disparo de un cañón. Pese al enorme impacto, el rey sobrevive. Sin embargo, múltiples fragmentos de ese cañonazo van a parar a su ojo derecho, dejándole tuerto para el resto de sus días.

Una vez recuperado,  ya en Copenhague, el rey quiso tener un detalle con su amada, y por eso mandó confeccionar un par de pendientes con las esquirlas del cañón extraídas de su ojo. Un regalo difícil de superar.

Finalmente, y a pesar de la victoria danesa en la batalla, las continuas guerras contra los suecos durante el gobierno de Christian IV dejaron al reino en bancarrota. Tal fue el estado de crisis, que el rey tuvo que empeñar su corona en el norte de Alemania para sufragar los costes de tanta batalla. La corona fue posteriormente recuperada por su hijo, Federico III, y también se encuentra expuesta en el Palacio de Rosenborg, junto con la ropa manchada de sangre que llevaba el monarca en el día que perdió su ojo.

Imagen superior: Extracto de «Christian IV a bordo del Trinidad», pintado por Nicolai Wilhelm Marstrand, 1865. Palacio de Frederiksborg

https://www.kongernessamling.dk/en/rosenborg/

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